Me he ausentado un tiempo considerable con el afán de lograr terminar con el mismo para así poder publicarlo.
Aún no esta finalizado, pero la idea es que en un mes salga a la luz.
Y en los porque de esta vida, de esas vueltas sin salida.
Morimos como pájaros ciegos, que chocan ante el cristal sin cesar a su intento.
Es que el hecho de vernos solos en la vida, la nostalgia anida en nuestras almas con muy pocas ganas de partir.
Y en el oscuro rincón, el de las cosas perdidas, buscamos ese calor que canjeamos ciegamente por impune dolor.
Entre tantos errores que hoy, se me vuelven horrores, salgo a buscar ese fuego que aniquila sin compasión.
Cuando te dije adiós, buscó ser hasta siempre, y hoy que me encuentro tan solo se evidencia la sinrazón.
Y hoy duermo y amanezco sin vos, sin mí y sin la vida.
Dejando el tiempo que pase, nos convertimos en soñadores compulsivos.
Y en el sin fin de los porque, vivimos preguntando porqué.
Se hace ineludible el vacío en nuestras almas. La paciencia se troca por intolerancia.
Los sueños se marchitan y los deseos se vuelven inverosímiles.
Y hoy me encuentro tan solo. ¿Como hacer para no nombrarte si siempre estas presente?
No estoy muerto pero puedo advertir a los cuervos revolotear a mí alrededor.
Se agota la esperanza. Y yo que siempre fui alegría.
Entre la gente, disfrazo mi dolor y mi sufrir, pero somos sumamente frágiles cuando estamos con nosotros mismos.
Y ahora tan lejos vos y yo, y hoy tan lejos de la vida.
En mi partir no deje huellas, y las tuyas ya están casi secas.
Pero el destino ya habló. Y hoy carezco de combustible.
Es que el amor se hace de a dos, y estando solos, solo nos resta aceptar.
Y hoy ya no quiero quererte. Sigo esperando que alguien me salve.
Me bato a duelo con la soledad sabiéndome derrotado antes de comenzar.
Este destino es tan arbitrario, ya no hay estrella que me guíe.
Y hoy te hablo a ti, a todos:
Deseo que te levantes y que, al escuchar el canto de las aves, te pongas feliz por nada.
Así entenderás que en lo más profundo del dolor, cualquier razón para reír es grata.
Después de tanto dolor, se esconde la alegría. No llegaremos a ella si nos hundimos y no luchamos contra corriente.
También deseo que conozcas el desamor. Para que, cuando tengas a tu compañero/a, no intentes cambiarlo a tu semejanza.
Pues si obramos así, solo amaremos nuestro propio reflejo en ellos.
Deseo que extrañes y mas aun que anheles. Así entenderás que el tiempo a su lado es efímero si nuestro amor no demostramos.
En esta escuela del dolor, estoy intentando aprender sobre esta vida.
Sin pudor, y con demasiada incertidumbre, sigo vagando por la vida.
Sigo bien atento, esperando ladrarle al árbol indicado.
Cuantas preguntas y tan pocas respuestas.
La vida continúa, mientras te espero seguiré persuadiendo a mi corazón.
Espero que me encuentres antes que el porqué de mis porqués, y toda su incertidumbre, me devore sin llegar a conocer el veredicto del destino.
Siempre existirá un porqué en el amor.
Siempre existirá ese porqué sin respuesta.
Luego de entender y emprender el adiós nos libramos al aire cual hoja seca al comienzo del otoño.
A nuestro paso nos rodeamos de caminos.
Cada uno de ellos representa una nueva oportunidad para volver a nacer.
Los recuerdos y sentimientos siguen ahí, a flor de piel.
Nos acechan a cada intento frustrado, a cada paso en falso.
Nos anclan al pasado, y reavivan todos los impulsos.
Sentimos en cada intento malogrado lo esenciales que se habían vuelto a nuestras vidas esas almas. Sentimos su falta a cada instante.
El remordimiento se hace costumbre. La felicidad se pierde y con el tiempo sentimos su carencia.
Asiduamente abrimos bien los ojos al fin de no dejar pasar esa oportunidad. Aprovechamos cada instante y nos rodeamos de personas.
Intentamos no estar solos para no caer una y otra vez en manos de nuestro corazón.
Buscamos alguien que nos ayude a asesinar nuestra soledad.
Pero siempre pecamos de ingenuos y solemos extraviarnos en la vastedad de la vida y del destino.
Ese que vive jugando con nuestros corazones. Nos presentan infinidad de posibilidades.
Muchas veces creemos hallar eso que tanto anhelamos. Pero vivimos de desilusión en desilusión.
Nos ilusionamos, pero el destino nos juega malas pasadas, nos hace idealizar a cada instante.
Por que la realidad es esa. Vivimos idealizando por el simple hecho de que vivimos buscando.
Buscamos, y cuando creemos encontrar, idealizamos.
De tanto buscar nos perdemos como una gota de agua se pierde en la inmensidad del mar.
Nos apuñalamos a nosotros mismos. Volvemos a morir sin haber resucitado.
Debemos entender que todos tenemos nuestra forma de hacer luto.
Nuestros corazones tienden a buscar soluciones rápidas para aliviar su dolor.
Nos confunde a cada momento. Nos perturba.
Husmeamos en todos los lugares con el mero propósito de hallar.
Pero cada intento se hace inerte y nuestro corazón acusa la falta de amor a cada paso.
Nuestros corazones se ilusionan tan fácil que nos hacen extremadamente vulnerables.
Cualquier muestra gratis de amor es certera cuando hay tanto que sanar.
Tonto corazón conformista, pidiendo de limosna un poco de cariño que algún fulano nos quiera regalar.
Es que en definitiva, cualquier corazón prefiere una triste mentira a cualquier verdad que lo vuelva a lastimar.
Debo admitir que en el nacer de cada noche, lloro. No por que sea menos hombre o para ocultar mi debilidad.
Quizá esa sea mi forma de superar.
Me angustio y me hundo en la oscuridad de mi cuarto. Busco hacer catarsis en el inmaculado silencio de la noche.
Se hace tan profundo el silencio que casi logro percibir el aire insípido que se cuela por los pequeños resquicios de mi ventana.
Pienso. Me doy cuerda y más cuerda. ¿Será este el destino que tengo encomendado?
Este destino me inquieta.
En mi interior están velando mi amor. Tarde o temprano será parte del cementerio de recuerdos.
Siento un vacío visceral. Mi andar es el fiel reflejo de mi zozobra.
Cada fracaso. Cada caída se hace más y más estrepitosa.
La vida nos pone a prueba. Nos juega trucos. Pero hay que armarnos de valor.
Reconciliémonos con la paz. Todo nuestro ser la pide a gritos. No vivamos la vida sin pesar.
Cada alba denota una nueva oportunidad.
Esperemos esa alma que haga que la sonrisa no sea una mera mueca en nuestros rostros.
Cada prueba nos forja, nos prepara, nos incentiva a crecer.
Y es que la vida de eso se trata. De superar y crecer.
El amor no es exclusivo de unos pocos. El amor puede estar a la vuelta de la esquina.
Mientras mas lo busquemos, más eterna e ineficaz será esa búsqueda.
Cuando menos lo esperemos, en el lugar que menos imaginamos y de la forma que menos intuyamos, aparecerá.
Pero mientras tanto aprendamos a vivir. Ayudemos al destino a que nos muestre nuestro camino.
Usemos el dolor para fortalecernos. Para no volver a ser tan frágiles.
Escúchenme: Nadie muere por amor, ¡nadie!
Yo estoy acá, contándoles mi historia. Y como yo habrá otros miles mas intentando hallar su camino.
Hay millones de caminos, busquemos el nuestro.
Y si es verdad, que el destino tiene un plan para cada uno de nosotros, ayudémoslo de la manera que podamos.
Esperándolo. Manteniéndonos con vida, sanos, intentemos sobrevivir.
Miremos hacia adelante, que en definitiva es lo que vale.
Caminos. Tantos caminos y ningún rumbo. Se vuelve todo un laberinto.
Corro en él intentando encontrar la salida.
¿Pero de que sirve correr cuando no hay adonde ir?
Dicen que siempre que llovió, paró.
Yo sigo sin resguardo y sin paraguas, esperando que mañana salga el sol y por fin brille para mí.
Que seque mis heridas, y que ilumine mi camino.
Ojala hoy este iluminando el tuyo. Siempre te desearé lo mejor.
Paciencia corazón. Aun nos queda un poquito de hilo en el carretel.